sábado, 21 de julio de 2012

Diez años. Con mucha Gracia y pocas virtudes



Hoy celebro con gran alegría el aniversario de ordenación sacerdotal. Hace ya diez años, precisamente el 2002. Año fulero. Se venía con la caída de las Torres Gemelas, crisis en Argentina y en ese mismo mes de julio comenzaría aquí la suba del dolar con crisis bancaria. Tiempos de incertidumbre.

En ese año estaba en la Parroquia de Reducto, al terminar el seminario me había mudado y ordenado de diácono. Trabajaba también en dos colegios: San Juan Bosco en ruta 8 km 16 y en Santa Elena del Buceo.

La fecha de ordenación ya estaba fijada, sería 21 de julio en la Iglesia Matriz, junto a dos jesuitas. Y así sucedió. Fui ordenado como sacerdote para la Iglesia de Montevideo. Será para siempre el mojón de mi vida.
Hay acontecimientos en la vida de uno que no logra encontrar explicación. El día anterior de que entrara al semanario, en el año 1994, había fallecido el único familiar sacerdote, primo de mi abuela materna, y el día antes de mi ordenación habría de fallecer mi abuela paterna. Que el Señor los tenga en su gloria. Pediré explicaciones al Señor cuando me llegue el momento.


Son diez años de sacerdocio y como titulo esta reflexión: “Diez años. Con mucha Gracia y pocas virtudes”, parafraseando a una materia de teología, ha sido un tiempo de Gracia por parte del Señor y un siempre dar gracias al Señor por mantenerme en su servicio. Con la conciencia de que como cristiano y pastor he tenido y tengo pocas virtudes. No lo digo por una falsa humildad sino con la sinceridad de saber que soy un cura con vocación pero pésimo como tal. Como diría un maestro: “puede y debe mejorar”.

Siguiendo con la historia... Luego de estar en el Reducto, una comunidad junto a sacerdotes y diácono, que recuerdo con mucho cariño. Han sabido moldearme y no es poca cosa. En el 2003 el obispo me destinó a la parroquia de Virgen de los Treinta y Tres Orientales sobre la calle Santiago Figueredo, a unas pocas cuadras del cementerio del Norte, hasta que se nombrara un nuevo párroco. Primera experiencia como pastor, puntualmente como administrador parroquial y capellán de la capilla del Círculo Católico en el cementerio del Norte. En ese año también como capellán del Colegio Divina Pastora de Piedras Blancas, que fue noticia en aquel año, que tiempo aquellos.
Fue corto el tiempo que estuve en esa comunidad, pero fue muy intenso. Recuerdo muchos momentos y rostros de adultos y jóvenes, que guardo en mi corazón.

Luego de estar un par de años en la parroquia de la Aguada junto al hoy Mons. Martín Pérez y Roberto Flores, Mons. Cotugno me designó como párroco de una comunidad en el barrio Peñarol. Me dijo: Es una pequeña comunidad y su fortaleza es la catequesis.

Tengo 60% de mi ministerio en esta comunidad. Me supieron soportar como también, en menor manera, supe soportarlos. Cuando llegué, con el tiempo me fui dando cuenta, para los mas adultos era un “pendejo” y para otros un “enviado corrector” del obispo, para decirlo en términos delicados. Todo tiene su explicación. Porque es una comunidad que tiene el temor, tenue, pero presente de los tres curas párrocos que abandonaron al hilo el ministerio en los años 70. Esto por lo de “pendejo” y por lo otro creo que con el tiempo se dieron cuenta de que la cosa no era tan así.

Hoy puedo decir que Peñarol es mi hogar, me costaría muchísimo otro destino pastoral que no sea este, aunque la obediencia y la disponibilidad están en primer lugar.

  • Agradezco al Señor por sostenerme en los tiempos difíciles y por alentarme en los tiempos buenos.
  • Doy gracias al Señor por tener a una familia que está siempre presente.
  • Doy gracias al Señor por ponerme amigos sacerdotes en el camino, que han ayudado a crecer en la fraternidad sacerdotal.
  • Doy gracias al Señor por darme la oportunidad de estar en esta comunidad con excelentes personas que semana a semana me dan su testimonio. Son pocos pero de buena calidad.

Termino citando el lema bíblico que usé para mi ordenación, que pertenece a 1 Samuel 2,1, es parte del cántico de Ana que inspiró el Magníficat de la Virgen María:

Señor, yo me alegro en tí de corazón, porque tú me das nuevas fuerzas ¡Estoy alegre!

Actualización.

Pequeña compartida después de la celebración eucarística:

 Una parcial de los que compartieron. Valientes aguantadores del frío.

El sobrino y la cuñada.


Mis hermanos: Adrián, Federico y Mauricio.

 Alguno de los gurises de la parroquia.

La torta.

Otra parcial de la gente hermosa de mi parroquia.

Mi hermano Federico, padrino de mi sobrino Luciano.

Ellos en torno del vino casero de Isabelino (derecha). En el centro mi viejo y Pepe el carpintero.

 Mis hermanos Mauricio y Adrián.

 Algunos de lo gurises de la comunidad parroquial.

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